Sigue abril descorriendo las cortinas de los días. Algunas horas es notable la calidez del sol aun detrás de los nubarrones que acechan amenazando lluvia. Mis ojos son presas de pantano al borde de su capacidad y mi pecho sostiene aún la sangre de los desgarros, opresión estranguladora de mi aliento. Las nubes aceleran su vuelo y la negrura de las que llegan desde las montañas, implantan su aroma a nieve derretida y fluyente por ramblas y cascadas. La agonía de las tardes se sientan en mi sillón, la lectura no entretiene el ánimo. Solo la televisión acalla los ruidos que habitan mi cabeza. Abril discurre por las hojas del calendario... ... Sigo a la espera de su calor.