os he visto sin fijar la mirada mis ojos no me ven dos losas de hierro eran mis brazos mi cuerpo flotando sin agua inmóviles las piernas en su parálisis aún erais niños con juegos en la calle ancha aún erais adultos intentando guiarnos protegernos de nosotros mismos mis ojos no me ven os pregunté a todos mientras el corazón detenía su pulso y mi alma huía de este cuerpo cansado el alma el alma los jirones de mi energía enganchados sus hilos a los dedos de mis píes mis ojos no me ven el cuerpo retenía su vida la vida escapaba de mi cuerpo y yo quería volar hacia vosotros ¿por qué me abandonasteis? acaso no veis que aún sigo siendo la niña que cuidaba vuestro ritmo que se escondía en vuestros brazos que os tiraba de los pelos que... mis ojos no me ven estoy rota os busco entre las ausencias y las sombras
Sigue abril descorriendo las cortinas de los días. Algunas horas es notable la calidez del sol aun detrás de los nubarrones que acechan amenazando lluvia. Mis ojos son presas de pantano al borde de su capacidad y mi pecho sostiene aún la sangre de los desgarros, opresión estranguladora de mi aliento. Las nubes aceleran su vuelo y la negrura de las que llegan desde las montañas, implantan su aroma a nieve derretida y fluyente por ramblas y cascadas. La agonía de las tardes se sientan en mi sillón, la lectura no entretiene el ánimo. Solo la televisión acalla los ruidos que habitan mi cabeza. Abril discurre por las hojas del calendario... ... Sigo a la espera de su calor.