Ir al contenido principal

Mis ojos no me ven

 




os he visto sin fijar la mirada 

mis ojos no me ven


dos losas de hierro eran mis brazos

mi cuerpo flotando sin agua

inmóviles las piernas en su parálisis

aún erais niños con juegos en la calle ancha

aún erais adultos intentando guiarnos

protegernos de nosotros mismos


mis ojos no me ven


os pregunté a todos

mientras el corazón detenía su pulso

y mi alma huía de este cuerpo cansado

el alma

el alma 

los jirones de mi energía 

enganchados sus hilos a los dedos de mis píes 


mis ojos no me ven


el cuerpo retenía su vida

la vida escapaba de mi cuerpo

y yo quería volar hacia vosotros

¿por qué me abandonasteis?

acaso no veis que aún sigo siendo la niña

que cuidaba vuestro ritmo

que se escondía en vuestros brazos

que os tiraba de los pelos

que... 


mis ojos no me ven

estoy rota


os busco entre las ausencias

y las sombras 



Comentarios

Entradas populares de este blog

Para rescatar el futuro

En ocasiones, sucede que no entiendo cómo es posible que de repente, involucionemos como humanos. "De repente" o quizá no tanto. Quizá ha sido algo tan de a poco a poco, que cuando me he querido dar cuenta de ello, la sociedad actual no me gusta. Y, si no me gusta el declive humano actual, he de suponer que mucho menos me va a gustar cómo seamos en las décadas siguientes. Decía un conocido mío, que en realidad, este pensamiento que suele nublarme no es algo nuevo ni mucho menos único, que antes que nosotros, era muy común escucharlo en nuestros padres y abuelos. Venía a decir que es una enfermedad que surge con la edad y que a las personas que rozamos los 70, siempre les ha preocupado los cambios sociales que vivían sus herederos, tan diferente todo a lo experimentado cuando uno es niño o joven o incluso adulto, que impulsa abiertamente a decir: "Esta sociedad no me gusta porque se han perdido todos los valores transversales y el civismo". Si, esta afirmación puedo...

Las hojas del calendario

Sigue abril descorriendo las cortinas de los días. Algunas horas es notable la calidez del sol aun detrás de los nubarrones que acechan amenazando lluvia. Mis ojos son presas de pantano al borde de su capacidad y mi pecho sostiene aún la sangre de los desgarros, opresión estranguladora de mi aliento. Las nubes aceleran su vuelo y la negrura de las que llegan desde las montañas, implantan su aroma a nieve derretida y fluyente por ramblas y cascadas. La agonía de las tardes se sientan en mi sillón, la lectura no entretiene el ánimo. Solo la televisión acalla los ruidos que habitan mi cabeza. Abril discurre por las hojas del calendario...                                                                    ... Sigo a la espera de su calor.